Infinidad de personas acuden a el psicólogo, hoy en día, aún más en este mismo momento en que usted lee estas líneas, que están bien convencidas de lo absurdo de multitud de preocupaciones que se les inculcaron o experimentaron en su niñez o juventud, sin embargo, son incapaces de actuar de una manera consecuente con las nuevas convicciones que con la edad han llegado por fin a adquirir.

¿Cuántos hay que son incapaces, en momentos supremos, de sobreponerse al influjo de ciertos recuerdos de nuestra juventud, de cuya falsedad creen estar convencidos, y las que, sin embargo, ejercen en su ánimo una influencia más o menos grande, pero siempre irresistible?. Esto solo se conforma en un atisbo de las posibles consecuencias que los trastornos de conducta adolescente no atendidos a tiempo pueden tener en la edad de la vida adulta, el psicólogo se ha formado con el suficiente rigor profesional para diagnosticar los trastornos de conducta adolescente y brindar soluciones para superarlos a través y siendo lo más importante del tratamiento, de que el paciente concientice las relaciones falsas que de sus ideas han establecido y que en la práctica sean capaces de separar concepciones que en su imaginación han marchado juntas por mucho tiempo y derivan ser un móvil constante de su conducta y un venero inagotable de inspiraciones, que no pueden sino extraviarlos, supuesto el carácter irracional y falso del fundamento del que parten.

Así, se comprende que se recurra al psicólogo ya que jóvenes de igual inteligencia a sus semejantes y capaces de racionar con igual precisión se ven las más de las veces circundados por pensamientos y conductas rayanos en la completa anarquía que reina actualmente en los espíritus y en las ideas, sobre todo en las de los adolescentes y que se hace sentir incesantemente en la conducta práctica de cada vez un grupo mayor de jóvenes.